Necesaria y arrebatadora historia. Narrada con talento, engancha, provoca, sobrecoge y termina por doler.
La dirección, el reparto, la banda sonora.
Algo de confusión en la primera parte del guión.
Pa negre es lo nuevo de Agustí Villaronga, director mallorquín adorado por gafapastas y demás cinéfilos minoritarios. Inició su filmografía en la década de los 80 con Tras el cristal, al a que siguieron producciones tan personales como El niño de la luna, o más recientemente, El mar. A mí no me fascinan. Siento que las provocaciones de Villaronga han perdido con los años.
Esta vez, presenta un proyecto ambicioso que no se parece a nada anterior. Y resulta sorprendente cuando lo esperable es lo contrario. Planteamiento: niño ingenuo se adentra en la vida adulta de la posguerra. No podían faltar en esta descripción el despertar de la sexualidad, la amistad, la decepción y tantos otros elementos que suenan a [muy] visto.
Pero Villalonga consigue mejorarlo, darle tres vueltas al tópico y dejar huella en el espectador. El primer acierto es la ausencia de maniqueísmos. Ya sólo los borrachos siguen hablando de vencedores y vencidos, como muestra con solvencia. Evita también la idealización de la niñez y la vida rural, fallo demasiado repetido en nuestro cine.
Y consigue acertar con una dirección intensa, llena de talento. La primera escena es sencillamente arrebatadora. Es cierto que el guión resulta confuso por momentos y se pierde en los detalles del perturbado entorno moral del chico, alejándose de la trama principal. Se nota que es una adaptación literaria. Pese a ello, el gran reparto, encabezado por un [tal] Francesc Colomer, esconde con éxito los tropiezos del libreto.
En definitiva, Pa negre es compleja, provocativa por momentos, dura y tremendamente emotiva. Y necesaria. Nunca antes nadie había visto representada con tanto poderío la vida de los que nacieron con un pasado, un presente y un futuro escritos en el barro. Termina por doler.