Un film recomendable y simpático que puede agradar tanto a niños, como a adultos, pasando por adolescentes
Jackie Chan. La cara de mala ostia del chaval que le tiene ganas al prota
Todo era innecesario. No supera al original
Si la pregunta que nos hacemos siempre que se estrena un remake es: ¿Valía la pena volver a hacer esta película? En este caso la respuesta a la pregunta es positiva.
Cuando se recrea un clásico (pues Karate Kid de 1984, lo es) debe existir una intención clara, no solamente copiar o parafrasear el modelo primero. En este caso la intención, lejos de ser pedante, es entretener, divertir y aportar el toque de humor que proviene de la mano de Chan, más simpático que Pat Morita, y a veces verdaderamente hilarante, como por ejemplo en su primera aparición, matando a la mosca cojonera. Además, contamos con el talentoso Jaden Smith, que nos alegra con muchas de las salidas y visos que recuerdan al padre Will pero apuntando ya un estilo propio. Más ochentero, lógicamente, era Daniel Larusso, personaje con menos chispa por bien que entrañable, a quien acosaba aquella pandilla de gamberros rubiales. Quien hacía de Sensei malvado de estos vándalos era Martin Kove, un actor que aprovechó la fama que le reportó su papel, y apareció después en muchas películas de dudosa reputación que uno podía ver a las tantas de la madrugada en Noche de Acción de Tele 5, o en Cinturón Negro de Antena 3 (presentado por Coral Bistuer).
Siguiendo este remake una línea argumental muy parecida a la obra original, se han cambiado algunos detalles que ya eran antológicos. En vez de dar cera , pulir cera, aquí es ponte la chaqueta, quítatela, tírala al suelo, recógela...
En definitiva, un film recomendable y simpático que puede agradar tanto a niños, como a adultos, pasando por adolescentes. Después de verla, a uno hasta le dan ganas de volver a apuntarse a las clases de judo que dejó hace más de veinte años.
En cuanto a la típica cuestión sobre si es mejor el original o la imitación, pues en este caso puede que el remake fuera un tanto superior a la obra de 1984, si no fuera por la patina añeja, intocable e inimitable que cubre como un polvillo de oro esta serie de clásicos de los 80.