Hierro 3 es una película diferente en cuanto a contenido y forma. Su impresionante valor simbólico y sus metáforas visuales acompañadas de una ensoñación propia del cine asiático le sirvió a Kim Ki-Duk, director, guionista y montador de la misma una buena lluvia de premios entre los que cabe destacar el León de plata a la mejor dirección o la Espiga de oro de la Semana de Valladolid.
Su protagonista es un macarra muy inteligente, decimos incorrectamente macarra ya que la formación y la inteligencia del delincuente protagonista, Tae-suk es un vagabundo que ocupa casas en la ausencia de sus legítimos propietarios pero no con interés de robar, solamente para sobrevivir robando unas horas de sus vidas e inmortalizándolas en fotografías. En una de ellas, a pesar de su sofisticado sistema de detección de ausencias una mujer le vigila, ella queda fascinada por las rutinas del joven y al regreso del marido se produce un enfrentamiento que unirá alos dos protagonistas en una sucesión de pasajes de una belleza singular y atrayente a pesar de la ausencia de diálogos.
El guión surgió directamente de una reflexión del director al encontrar el panfleto de propaganda en su puerta, de ese modo se dejó llevar y decidió simplificar la cosa rodando sólo durante 16 días, tiempo en el que también se desarrollan los hechos narrados y se editó en diez días, algo inusual y anecdótico.
Los silencios son el principal protagonista de la visión de Kim Ki-Duk del amor y la violencia, del deseo y la obligación, de la lealtad y el deseo. Y es que detrás de tan pocas palabras hay mucho contenido, un contenido que pasa del realismo cruel al romanticismo mágico.
Un cuento que merece ser recordado y una notable película que consigue emocionar.
Permitirme además una reflexión
