Michael Crichton vuelve a situarse por delante del conocimiento humano y, como un moderno Julio Verne, acierta con sus predicciones
No me gustan nada los hospitales. Creo que no soy nada original, sin embargo sé positivamente que hay gente que le encanta ir a los centros de salud, ambulatorios, clínicas y demás edificios dedicados a la salud. Pasar el rato allí, contar sus enfermedades al resto de pacientes (paciencia hay que tener), echar el día en compañía de olores a material de limpieza antiséptico o a productos farmacéuticos -todos estos sitios huelen igual-. Esta particular fobia mía puede que sea la causante de la impresión que siempre me produce la visión de Coma, que a mis ojos se convierte en una película de terror en toda regla.

El responsable de la creación de Almas de Metal (Westworld, 1973) o Parque Jurásico, esta vez se basa en el libro de otro autor (Robin Cook, también médico) para dar vida a un tema que no queda muy lejos de la realidad: el de la compra y venta de órganos humanos. Y si no que se lo digan a las naciones del tercer mundo y a las continuas desapariciones de personas (sobre todo niños) de las que nunca se supo más. Por cierto nuestro país no se libra de tal amenaza, y los últimos raptos podrían ir perfectamente en el mismo sentido. Por tanto, Coma se trata de una película muy actual; vista a día de hoy se despoja de su cubierta de ciencia- ficción y adquiere otra casi costumbrista. Michael Crichton vuelve a situarse por delante del conocimiento humano y, como un moderno Julio Verne, acierta con sus predicciones como hiciera con los robots (cada vez más implicados en los parques temáticos) o con la clonación de animales a partir de muestras fósiles.
Interpretada por la sugerente Genevieve Bujold, que lleva el peso de todo el largometraje, y bien secundada por Michael Douglas y un ya maduro Richard Widmark, la película resulta muy atractiva, pero no me atrevo a recomendarsela a nadie que tenga que ir próximamente a, por ejemplo, una revisión médica.
Ya lo dice un refrán: “si quieren ser felices, no analicen”.