Cartas de ultratumba, amor fosforescente...y Kathy Bates salvando la función. Benditos los tiempos en que la comedia romántica eran sinónimo de ingenio y talento. Maldito este Hollywood ombliguista y complaciente...maldito sea.
Kathy Bates
El tufo a mecanismo fácil y complaciente...con todo lo que eso supone. El tono pasteloso y llorón
Malditos los guionistas vendidos al poder de los dineros, los que se escudan en la novela para crear naderías, los que trivializan el amor enmascarándolo, rebajándolo, cubriéndolo de recursos fáciles y peligro de hiperglucemia.POSTDATA: TE QUIERO engorda el listado prohibido a diabéticos del consumo peliculero. El último botón en el muestrario de intensos amores con lazo rosa fucsia, original de la novelista Cecelia Ahern y puesto en imágenes por Richard Lagravenese. Quien firmara los libretos de EL REY PESCADOR (Terry Gilliam, 1991), LOS PUENTES DE MADISON (Clint Eastwood, 1995), EL AMOR TIENE DOS CARAS (Barbra Streisand, 1996) o BELOVED (Jonathan Demme, 1998)
sucumbe a las mieles de la taquilla en una historia blanda, que se mira el ombligo de su propio dulzor y lo escupe con innegable oficio narrativo. Qué menos puede exigírsele a una industria curtida en el ¿arte? de relatarnos las humanas pasiones bajo distintos envoltorios.
ciudad, madre que investiga si la relación se afianza, amigos y familiares festivos y parlanchines. Pero Jane Fonda y Robert Redford mutan en los rostros de una Hillary Swank lacrimosa y un fantasmal Gerald Butler, a la sazón el amante que muere -dichoso cáncer-, dejando una viuda compungida, desnortada y apática. Es aquí donde la película intenta salirse del arcén habitual, en contar una relación desde la reconstrucción de lo que pudo ser, a través de las cartas que, a modo de póstumos mensajes, recibe la joven de parte del finado para alentarla y hacerle gozar de la vida.
variación en el argumento. Las mujeres son ahora más fuertes, que se le derrita el alma cuando su macho les mira no conlleva que se rindan cuando éste muere o les abandona. Kathy Bates -a quien sólo le hacen falta dos discursos para adueñarse del film- es la madre luchadora, protectora y cómplice, despechada y comprensiva con su hija. Por lo demás, amigas lenguaraces, amigos sobre los que llorar, viajes idílicos, fiestas en familia. El proceso necesario para empezar a vivir la soledad, vencer la autocompasión, quizás volverse a enamorar. El tiempo de ser feliz otra vez.
y bastante plano. Por si en ocasiones olvidamos que estamos ante una ficción calculada para forzar el moqueo, un irritante fondo musical subraya cada tramo del viaje, sólo a veces puntuado de humor gamberro y chisposo. La pobre herencia de los clásicos que la protagonista devora en sus noches de soledad.