El desencanto, obra mayor en la historia del cine español, un documental maldito dirigido por Jaime Chavarri en 1976 y alentado, desde el primer momento, por Michi Panero, hijo.
Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son éstas
que hieren como amenazas
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.
Al Alba / Luis Eduardo Aute
En la España de los 70, muchas cosas empezaron a moverse desde dentro. La protesta empezó a capitalizar muchos lugares, entre ellos la cultura. Había una necesidad imperiosa de cambio, de poner fin a una dictadura que se había dilatado en el tiempo de forma descaradamente escandalosa. Por tal motivo, versos de cantautores como Aute se convertían en proclamas en contra de lo establecido. Los versos de la canción ‘Al Alba’ narraban el encuentro de dos amantes antes del amanecer. Muchos creyeron, e hicieron creer, que esa canción hablaba de fusilamientos en la madrugada. Aute pudo grabarla en 1978. Algo igual pasa con EL DESENCANTO, obra mayor en la historia del cine español, un documental maldito dirigido por Jaime Chavarri en 1976 y alentado, desde el primer momento, por Michi Panero, hijo.
Un año antes de su estreno moría Franco. El caudillo, en sus últimos días de vida, quiso dejar “atado y bien atado” el futuro de España. De este modo, instauraba la monarquía. El pueblo seguiría teniendo un padre al cual rendir cuentas. Los hijos de cuarenta años de dictadura apostaron por la democracia. Nada que ver con la realidad. Pronto el desencanto se apoderó de ellos. La libertad sólo fue el maquillaje reparador de un mismo sistema que se adaptaba a los nuevos tiempos. Todo seguía igual. Ese padre Franco, bien pudiera ser Leopoldo Panero. Esa casa antigua de los Panero, bien pudiera ser la España anacrónica producto de cuatro décadas de ostracismo. Esa familia, el fin de los valores en los que se había fundamentado el régimen fascista, en definitiva, la consecuencia de tanto despropósito.