Un voluntarioso, milimétrico, arrollador e hinchado retrato personal con ínfulas de radiografía social, un quiero y no puedo ser obra maestra del thriller más realista y pastoso, un compacto ejercicio que no deslumbra pero es puro entretenimiento.
El ritmo, el paralelismo entre los personajes, su potente discurso visual, el entretenimiento que produce. Que Ridley Scott no está en coma.
Que no reinventa ni remodela nada, que huele a ya visto mil veces.
Mucho se ha comentado sobre las miserias del último Ridley Scott, el más empequeñecido a la sombra de su propio mito, caricatura del cineasta que prometía llegar a ser. La caída libre de este artista iconoclasta convierte su visionaria obra ochentera en lo que hoy es un trabajo plano, rutinario, artesanía no muy fina aunque sin duda esforzada. Los cinéfilos más recalcitrantes no le perdonan que piedras preciosas como LOS DUELISTAS, ALIEN o BLADE RUNNER queden en la prehistoria de su talento, ahora incapaz de superarse con engendros huecos, impersonales, aparatosos y faltos de vigor. Un cine innecesario que a veces llega a lo grotesco.
vo listón y pretende convencernos de su hazaña en cada secuencia. Es su gran película en años. Un respeto.
tos préstamos con la certeza de obtener un caché argumental y estético que le lleve al triunfo. Porque el valor dramático de su relato no trasciende la anécdota prolija y bien contada. Con firmeza y dominio de los recursos técnicos -qué menos-, pero sin pisar los modélicos terrenos que abonaban leyendas como EL PADRINO, SCARFACE, UNO DE LOS NUESTROS, CASINO o, de pasada, THE FRENCH CONNECTION.
roga. El detective que busca escapar de un absorbente círculo de extorsiones y chantajes mediante la abogacía. Las dos caras de una misma filosofía vital. Ambos actúan con un innegociable sentido de fidelidad a unos códigos éticos, jamás los traicionan, aunque peligren sus lazos familiares -Lucas se enfrenta a su amorosa madre y Roberts rompe su matrimonio-. Hasta el predecible tête à tête final, repasamos sus perlas de moralidad dudosa y casi heroica en entornos donde prevalece una brutal falta de principios. No alcanza este esquema la densidad reformuladora de la magistral HEAT -el más rotundo y estilizado policíaco de los 90-, pero se resuelve con aplomo y agilidad.
un montaje afilado y un expresivo uso de la luz. Su director explota la suciedad y acritud de espacios abiertos, juega con las sombras en interiores y mueve la cámara con elegancia. El conjunto es un voluntarioso, milimétrico, arrollador y un tanto hinchado retrato personal con ínfulas de radiografía social, un quiero y no puedo ser obra maestra del thriller más realista y pastoso, un compacto aunque mecánico ejercicio que no deslumbra pero regala puro y vibrante entretenimiento. Es un gustazo que el responsable de LA SOMBRA DEL TESTIGO se ha permitido, y nos lo presenta vestido con su estilosa frialdad. Los mitos de ayer pasados por su batidora ambiciosa y rentable.
ero sí a un narrador muy solvente. Espero que el prestigio del antiguo publicista -encallado en los precipicios de la gloriosa THELMA & LOUISE- vaya renaciendo, aunque sea con la copia funcional y resultona de moldes tan relamidos. Algo es algo.