Un relato pletórico en detalles, hermoso, doliente. Pero es también un relato distante, de contenida incandescencia, con pulsiones encendidas incapaces de abrasar. Una historia de altos vuelos, de belleza hipnótica y afligida, una delicia.
La abientación, la delicadeza sensorial de Lee, la narratividad, el color.
Cierta frialdad en el conjunto, le falta un hervor para abrasarnos.
Debo admitir que el cine de Ang Lee me atrae y desconcierta a partes iguales. A la fuerza de sus historias se suma una extraña sensación de frialdad ante lo que narra con sobrado virtuosismo. Ya sea en la Inglaterra victoriana, en la sociedad yanqui de la liberación setentera, en plena China imperial o en el más profundo oeste americano, su forma de entender este oficio me despierta emociones tan templadas que a veces dudo de ellas. Son películas que tengo que revisar para captar el tortuoso esqueleto de sensaciones que visten sus imágenes poderosas. Las historias que cuenta reflejan impulsos reconocibles, ancestrales como el propio ser humano. Pero no siempre traspasan los límites de una estética impecable. No siempre logran apasionar.
De vuelta a sus orígenes, al universo que tan bien conoce, el taiwanés opta por el melodrama de época de clara vocación clasicista. Un nutrido fresco que recorre un tiempo convulso, el del Hong Kong sitiado por los japoneses en los años 40, que enmarca un romance vivido de forma abrupta y tormentosa. DESEO, PELIGRO nos cuenta con maestría, con belleza hipnótica y afligida una historia de altos vuelos, y la cuenta empañando las acciones con el delicado poder de las sensaciones. Quizá acabe siendo tan importante para nosotros la relación entre el señor Yee y Wong Chia Chi como cada gesto tímido que percibimos -perfumarse la muñeca-, toda esa realidad que no puede hablarse, que sólo se respira, casi puede rozarse, en un portentoso ejercicio de plasticidad.
La obra contiene uno de los finales que mayor desasosiego podría transmitir a la historia, un final derrotado, sin concesiones, con el abismo entre los amantes abriéndose cada vez más, con la garantía de que sus vidas quedan escindidas para siempre. Hasta entonces, DESEO, PELIGRO construye la atmósfera irreal, fascinante que embota nuestros sentidos e impide a veces que la identificación con estos personajes heridos sea plena. Aún así, sobran los recursos artísticos explotados por Ang Lee para revestir su esmerado tejido emocional y seducirnos, para que este paisaje vulnerable, ardoroso, visceral quede en el recuerdo.