Calor. Mucho calor. El aire espeso de la tarde impide respirar. Angustia, desasosiego, puro miedo. El miedo a lo desconocido, a sabernos acorralados, incluso desquiciados en mitad de la nada. Y la temperatura sigue subiendo a lo largo y ancho de esta película tensa, sofocante, el prometedor debut del cordobés F. Javier Gutiérrez en la dirección de largometrajes, una joya inesperada que se hizo con el premio gordo en el Festival de Cine Español de Málaga y que despunta como lo más potable de un año previsiblemente endeble -como de costumbre-.
TRES DÍAS nace como clara apuesta vencedora dentro de la ya consolidada industria cinematográfica andaluza, que arriesga en una producción sólida -Maestranza Films junto a Green Moon-, de un empaque formal insólito en nuestro país. Tan insólito como el género que explora en el ámbito narrativo, la ciencia ficción teñida de terror psicológico, en lo que son terrenos codificados hace ya algunos años por el cine yanqui que tantas palomitas ha hecho devorar. La película nos sitúa en un rincón perdido de nuestra geografía, Laguna, pueblo sin rostro definido, fantasmal enclave donde se desarrolla una acción marcada desde las primeras imágenes por su tono sombrío, claustrofóbico, de innegable magnetismo. Sólo faltan setenta y dos horas para que un meteorito gigantesco se estrelle contra la superficie terrestre. En ese tiempo, observamos los efectos que la noticia provoca en la rutinaria existencia de sus protagonistas. Álex, joven desencantado, y su madre deciden ir a cuidar a los hijos de Tomás -ausente hermano de Álex- en su casa a las afueras del pueblo ante el desconcierto desatado en la zona. Aislados de la gente y el ruido, intentan protegerse de la anunciada hecatombe, sin sospechar que el terror adquiere formas diversas, más cercanas. Un terror encarnado en el rostro de Lucio, extraño visitante en busca de venganza, un ambiguo personaje que les hará encarar de golpe un pasado siniestro, tanto como el futuro que les espera.
Víctor Clavijo, Mariana Cordero -enorme actriz, racial, de la estirpe de las grandes- y Eduard Fernández -sin comentarios- encabezan el reparto de este turbulento, perturbador cuento lleno de polvo y de estrellas, con un paisaje desolador y opresivo, un paisaje -andaluz, español, universal- tan elocuente como las miserias humanas que refleja. Se convierte así en una propuesta contundente que alumbra partes turbias de nosotros que ni siquiera sospechamos. Las posibles lagunas -curioso nombre para un pueblo- narrativas no ensombrecen el trabajo del cordobés, que con justicia podría seguir recopilando premios paseando sus TRES DÍAS magistrales. El vivo ejemplo de cine comercial fabricado bajo un sello de autor merecedor de apoyo financiero y respaldo crítico. Un cine necesario -como lo fueron EL ORFANATO (Juan Antonio Bayona) o [REC] (Jaume Balagueró/Paco Plaza)- para salvaguardar una industria tan victimista como la nuestra, más preocupada por lamentarse de las carencias que por arriesgarse a base de talento y creatividad.
