Correcta aunque un tanto convencional criatura del universo Ellroy, no tan sombría como ilustres predecesoras, pero firme en su ejecución y con una subyacente aspiración de radiografía humana, un ""podría haber sido más"" adrenalítico y eficaz.
El ritmo.
El careto de Keanu Reeves, el peor y menos carismático actor de su generación. Ciertos estereotipos en la definición de personajes.
reconocidos por todos. Es más, se percibe en el relato el préstamo asumido de elementos que el director no se esfuerza en ocultar -incluso lanza alusiones concretas-, y que levantan un metraje con evidente enfoque comercial, tan lícito como respetable.
Con la idea original del enorme James Ellroy, quien rubrica un guión tenso y eficaz, Ayer tiene gran parte del camino recorrido. L.A. CONFIDENTIAL (1997) supuso que el gran público accediese al mundo sombrío y complejo de Ellroy, al trazado virtuoso de un mosaico humano en una época donde las luces ocultaban rincones de lo más siniestros. De paso, Curtis Hanson se marcó una pieza de culto que -esta vez sí- plantó los esquejes de un noir
postmoderno, brutal y desesperanzado como los clásicos, una intensa recuperación de ambientes y personajes que Brian de Palma fue incapaz de apuntalar con su insípida LA DALIA NEGRA (2006), también engendrada por el autor californiano.
Tratándose de Ellroy, se podría exigir un entramado más denso sobre asunto tan estimulante -siempre es un placer comprobar que los buenos destinados a acabar con los malos no son tan buenos como se dejan ver-, un edificio dramático más elaborado, un tanto alejado de sus pretensiones taquilleras y aún más descarnado.
DUEÑOS DE LA CALLE contrarresta su falta de originalidad con buen pulso narrativo y un ritmo in crescendo al que van ajustándose los giros en la acción -o viceversa-. La figura del policía atormentado y algo alcohólico cuya honestidad queda cuestionada por su implicación involuntaria en las mismas sórdidas redes que su unidad pretende desactivar nos hace retroceder a esos viejos modelos sin dudarlo. Lo malo es que el hierático -sospechosamente traicionado por su cirujano plástico- Keanu Reeves es incapaz -no es una novedad- de transmitir una sola de las capas emocionales que se adivinan bajo el caparazón de violencia con el que actúa, que Pacino sí lograba dimensionar. El resto del reparto cumple con tipos estandarizados, modelos sin otro trasfondo que su mero servicio al discurrir de los hechos. Sólo la figura de Forest Whitaker enaltece un personaje que acaba revelándonos la tonalidad oscura y pesimista de la historia -"todos somos malos" confiesa con aire concluyente-.
un capítulo prolongado de cierta serie norteamericana, la cámara ampulosa de Ayer nos deja solos frente a tan hediondo panorama, pegándonos a los personajes, al cara a cara del héroe con la muerte, testimoniando con agilidad y desasosiego cuál es el precio que cada uno pone a su propia honradez. Por alto que sea.