Jarhead es un brutal relato de guerra sin guerra a través de un protagonista que hace algo equivocado y que saca conclusiones muy rápido.
El impecable aspecto técnico, las actuaciones de todos los actores, la BSO...
No podría destacar nada negativo.
Sam Mendes es un director teatral que ha tenido, y eso es innegable, una meteórica y sobresaliente trayectoria como director cinematográfico. Y para ser un gran director hay que ser versátil, y después de la premiada American Beauty y la genial Camino a Perdición, se ha atrevido con la guerra. O la vida del recluta patoso de Kubrick si no hubiera sido patoso, sino simplemente un pringado más entre una tropa de pringados y pirados.
Jarhead es un brutal relato de guerra sin guerra a través de un protagonista que hace algo equivocado y que saca conclusiones muy rápido. Y nos invita a ser testigo de sus más de 300 días en el desierto de Kuwait, durante la invasión de Irak en este país.
El actor protagonista, casi siempre soso y sin gracia, en esta película se le nota dirigido y entregado, no sólo por su esfuerzo físico, sino también por sus aportaciones de locura, asco y miedo a una experiencia que debe ser de armas tomar, nunca mejor dicho.
Secundado por los siempre resultones e interesantes Foxx, Cooper y demás caras conocidas pero con el pelo rapado, la película es un tristemente divertido relato de espera evitando la desesperación. Tal y como se dice de la interpretación, es un 90% de esperar y un 10% de actuar (no recuerdo si eran esos los porcentajes), pero al igual que muchos otros films sobre desencantados del ejército y la guerra, nos quedamos con una película bien hecha, con algunas secuencias impresionantes y una tremenda fotografía.
Una película notable que engrosa la lista de películas antibélicas e irónicas.