Si Scott recuperara la sobriedad de, por ejemplo, Deja Vu, la película podría haber sido más creíble y más emocionante.
Denzel Washington
Scott flipa demasiado con los efectos
Me gusta Tony Scott. No lo niego, me gusta su estilo videoclipero monótono pero vibrante. Eso si, es como las comilonas: sólo de vez en cuando. Normalmente espacia sus películas de forma que te puedes pegar un atracón visual cada uno o dos años. Después de Deja Vu, tocaba esta. Bien.
Denzel Washington es una maravilla de actor. No me extraña que Scott siempre le contrate: resulta convincente y muy cercano. Travolta hace de malo y tampoco lo hace mal. Secundarios bien y la cinematografía la de siempre: brillante.
El problema de las películas de Scott es que pocas veces la historia traspasa ese telón visual. Casi siempre quiere contar una historia con fondo humano y carga moral, pero tan planito ralentizado y montaje taquicárdico hace borroso el mensaje. En este caso quiere contar que alguien con un trabajo normal se puede enfrentar con una situación excepcional. A todos nos puede pasar alguna vez. Unos estamos a la altura y otros no.
Con fondo económico, se establece una relación de amistad entre malo y bueno. Un personaje capaz de todo y otro más temeroso y menos acostumbrado a la falta de escrúpulos. El choque entre ambos resulta creíble, pero por pequeños detalles no me llego a creer la situación por la que están pasando.
Es un bonito entretenimiento, pero si Scott recuperara la sobriedad de, por ejemplo, Deja Vu, la película podría haber sido más creíble y más emocionante.