Rob Zombie es mejor director que músico. Tras la estupenda La casa de los mil cadáveres y mientras espero su particular versión del clásico Halloween de John Carpenter repaso, en forma de director´s cut, su segunda obra.
La parte del motel, de principio a fin. Y los pantalones vaqueros de la señora de Zombie.
La última secuencia, un poquito redundante para los créditos finales.
Rob Zombie es mejor director que músico. Tras la estupenda La casa de los mil cadáveres y mientras espero su particular versión del clásico Halloween de John Carpenter repaso, en forma de director´s cut, su segunda obra.
Tres minutos más corta que la versión estrenada en cines la película es, como no, sucia, cruel, sangrienta y llena de polvo. El arranque, los primeros casi quince minutos, créditos incluidos, son puro Peckinpah pero no solo por el fotograma congelado, no, no nos vayamos a equivocar. Comparte con el viejo maestro el placer por los personajes ambigüos, por el antihéroe, aunque aquí el antihéroe sea una familia satánica de asesinos en serie.
Y está en peligro. La historia de venganza de un madero (genial William Forsythe) hermano del poli que moría en la mejor secuencia de la precuela original deja en pañales a la de Padre Coraje, lo que pasa que este calcula peor las consecuencias. Antes de eso, memorable el diálogo entre policía y crítico de cine que da titular a esta crónica.
Inolvidables Sid Haig y sobre todo un mansónico (o mansoniano) Bill Moseley. Y esos vaqueros de Sheri Moon... Con ganas locas de ver Halloween, ¿podrá ser en Sitges?