Bodrio monumental. Sólo comparable al dolor del argumento que nos presenta. Así que, bodrio infumable y vergüenza para sus ideadores, que no han sabido ( en ningún momento ) estar a la altura de las circunstancias. El tema es lo suficientemente serio
1 La ciudad de noche. Cierto descaro con la cámara digital que da un atractivo dibujo del lumpen local y su roña sangrienta. 2 Lo ancha de caderas que esta moza para todo lo que hace.
Todo lo demás. Todo lo demás. Todo lo demás. Todo lo demás. Todo lo demás.
Acaramelados como algunos estaban con la J-Lo del glamour y del culo asegurado en no se cuántos dólares, esta versión de la López prometía descalabro o genialidad, nada de neutros términos medios. Y mira por dónde que ha salido rana la apuesta. No busquen príncipe. Ciudad del silencio es un pobre producto de Gregory Nava, director bragado en el medio televisivo ( American family o American tapestry ) o en el film biográfico sin excesivas pretensiones artísticas ( Selena, con una Jennifer López diez años más joven ). Aquí le ha venido todo largo. No ha podido con un argumento muy interesante: el asesinato de mujeres en Juarez y la desidia del Gobierno y de sus órganos policiales para atajar este desmán.
Apenas salvada por la excelente fotografía del Juárez nocturno, con su mugre, su deterioro urbanístico y su neón delictivo, Ciudad del silencio acomete con desidia la denuncia de una barbarie excesiva, que no tiene ( en el film ) pies ni cabeza. No terminamos de saber a qué vienen los crímenes, aunque nos de un leve tufo de por dónde pueden venir los tiros, y no precisamente gracias a las labores de un elenco plano en todo momento. Ni Antonio Banderas ( con un papel ridículo ) ni Jennifer López (como reportera venida de Chicago con pasado brumoso y ganas de escalafonar en su carrera profesional con un reportaje de relumbrón ) consienten que podamos añadir un punto mayor de interés.
Si alguien quiere información sobre los acontecimientos de Ciudad Juárez, no busque aquí. Espere: igual hay un proyecto de más altura. Esto es un telefilm para ver en un pase de las privadas a la hora del café, con pastas y el brasero creando esa sensación de hogar tan bonito y que a todos nos gusta tanto. El problema ( lo hay ) es que el pueblo mexicano víctima de este pequeño genocidio hubiese merecido un film mejor. Y no lo han tenido.