Una cinta antológica, imprescindible y que consigue lo que pretende, sin lugar a dudas, ahondar en la conciencia del espectador. El silencio del patio de butacas asi lo hacía patente.
La dirección de Greengrass, los actores, la forma en la que está narrada, los ultimos 20 minutos... la película en si es impecable. Pero por encima de todo, y a costa de repetirme... el homenaje que realiza a las victimas, mejor imposible.
Si, tiene algo malo, que está basada en un echo real, los muertos fueron reales, tuvieron nombre y apellidos, tuvieron una vida. Eso es lo peor de la película.
Cuando termina la película uno se queda callado, cabizbajo y pensativo, mientras el fundido en negro que finaliza la cinta de Paul Greengrass, parece penetrar hasta tus sienes, y es que, ese fatidico 11-S del año 2001 algo cambio para todos, y como he leído por ahí, todos perdimos algo, (como perdimos en mi ciudad el 11-M).
La cinta mezcla con maestría un drama, un thriller y un documental, agitado y no mezclado, como decía James Bond; compone Greengrass una cinta donde vemos a los personajes no como héroes, sino como cualquier persona normal, vaya, como uno de nosotros en esa tesitura; hace que nosotros también nos sintamos parte de ese vuelo, que suframos con lo que se siente en el control aereo, o con las decisiones que se llevaron a cabo ese día...
Los actores, todos desconocidos, de hecho muchos de ellos se interpretan a ellos mismos (vaya, que son los "protagonistas" de lo sucedido), un guión con retazos de la historia y mucha improvisación, y una historia que, aun conociendo el final, te mantiene pegado a la butaca, una cinta antológica, imprescindible y que consigue lo que pretende, sin lugar a dudas, ahondar en la conciencia del espectador.
El silencio del patio de butacas asi lo hacía patente.